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La cárcel autista (Parte I): “Quiero dejar de ser un dentrodemi”

“Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta.” Carl. G. Jung

Les observamos y….. Miran. Observan. Entienden. Obedecen. Callan.
¿Sufren? O experimentan nervios que rompen de dentro provocados por algo de fuera.
¿Tienen miedo? O más bien perciben de manera diferente situaciones que para el resto de personas son normales o habituales.
¿Soledad? O silencio ininterrumpido que parece alejarlos, pero que se sienten presente.
¿Emiten ruidos? O se comunican a su manera y con paciencia terminamos acercándonos a su interior.
¿Agresivos? O es la forma que tienen de decirnos que hay algo que les altera y quieren alejarse de ello.
¿Estereotipias? O movimientos que les han acompañado a lo largo de sus días y que de alguna manera le protegen.

En esta entrada hacemos referencia al libro de Birger Sellin “Quiero dejar de ser un dentrodemi” (1994). Para ello publicamos parte de un monográfico que David De la Rosa, junto a otros compañeros y compañeras de la Universida de Granada realizó a partir de este libro… de forma que el lector pueda sentir más proximidad con lo que es el fenómeno del autismo y sentirlo más de cerca.

El trabajo será publicado en diferentes entradas, siendo esta la primera de ellas.

A la edad de dos años tras haber sido un niño extrovertido y cariñoso, enmudeció, y fue diagnosticado como autista. Sin embargo, éste es un término difícil de aceptar:
“que tonteria convertir importantes problemas en simples problemas mentales como hace gisela1 ella trabaja solo con esa teoria de que el miedo es un fallo mental pero el miedo es algo no tan facilmente abarcable es un trastorno desgraciadamente de tan extraordinaria violencia que no lo puedo describir tan facilmente una impresion la dan mis comportamientos autistas como por ejemplo gritar morder y todas las otras locuras” 14-1-92
Los autistas están prisioneros en su propio yo, del cual no pueden salir. Era difícil imaginar tal situación, a la cual ninguno de nosotros habíamos estado expuestos. Sin embargo, se nos ocurrió una comparación con la que nos resultara más fácilmente imaginarnos: la cárcel. Existen cárceles en nuestro sistema sociopolítico y ya conocemos relatos de lo que puede sentirse en una situación de privación de libertad. Pero, ¿y si lo que te impide salir fuera no son unas celdas sino tu cuerpo? ¿Y si los barrotes que te impiden salir no son de frío metal si no muros de la propia psique? ¿Cómo fugarnos de esta cárcel entonces?
¿Qué juez ha dictaminado que Birger Sellin quede enclaustrado en sí mismo?
No conocemos mucho sobre ese juez en el caso del autismo, pese a que los especialistas en la materia, siguiendo sus creencias ideológicas, buscan la explicación que confirme la veracidad de esas teorías propias. Psicoanalistas, genetistas, neuropsicólogos, conductistas radicales… todos se acercan desde sus posturas a las causas del autismo.
¿Cómo es la vida dentro de la prisión? ¿Qué sentimientos hacen de funcionarios en la prisión del autista?
Dentro de la celda, sin visitas, sin comunicación con el exterior, sin que podamos hacer ni una sola llamada, la primera sensación que se nos viene a la cabeza es la de una profunda soledad: “…no tienes ni idea de una vida en absoluto aislamiento es peor eso que estar prisionero o en el llamado régimen de incomunicación yo me ahogo en la soledad”. 20/02/1992
Algo inevitable que ocurre dentro de una celda es sentir miedo, habría situaciones tensas con otros presos, desconoceríamos lo que está ocurriendo fuera, nos podrían hacer daño, tendríamos miedo a estar solos. Una “…experiencia del miedo es como de corroerte completamente y sin comprender a fondo…” 28/12/1991
Además, podemos sentirnos impotentes y frustrados al pensar que no hay vuelta atrás, al no poder estar fuera con los nuestros, a querer salir y no poder. Birger lo vive así: “…me gustaria tanto encontrar la manera de salir de este aislamiento de vida de estos modos decadentes de comportarme en que me acorazo solo vivo frustracion dia tras dia sin esperar que en nuestra vida el aislamiento pueda desaparecer…” 25/12/1990
La tristeza y la desesperación que inunda a los presos es evidente, al igual que en Birger: “simple tristeza por mi estado tal y como ahora lo estoy viviendo una vez mas otra vez no puedo soportar nada y quiero pasarme a esa unica y sencilla vida normal ni si quiera consigo los mas obvios sencillos detalles que sabe cualquier bebe” 11/04/1992
Por los que están fuera, podemos sentir envidia y celos, queremos la libertad, salir, pasear, estar en casa, dormir en nuestra propia cama…como todos los demás: “que envidia tengo de como sabe jugar bien un chico, yo me oriento un poco en como juega jonas 2el ve todo de otra manera que yo para el es sencillo superar el dia…” 28/12/1991
Culpables por los que nos esperan, por no haber sido capaces de evitar entrar en la cárcel. porque “duele tanto por dentro sentirse otra vez como un tarado en la universidad me he comportado como el cavernicola universitario quiero decir una cosa puedo imaginarme que yo quira llevaros conmigo a mi mundo pero bajo una condición que pueda estar sin miedo de que me desprecienme dan tal vergüenza todos mis disparatados defectos…”. Y aunque “te arrepientes de haber traido al importante y embrollado mundo al embrollado idiota y completaente chiflado birger”, mostraríamos la superación suficiente para luchar contra esas paredes que nos encierran: “quiero dejar de ser un dentrodemi…” 7/03/1991

Este monográfico fue realizado por F. David De la Rosa, Ana Zoraida Benítez, Pablo Fernández, Sara Mª Vives, Belén Lauerano, y Estefanía Domínguez. Universidad de Granada (2010).

En próximas entradas: La cárcel autista (Parte II): Pensamientos y Conductas

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